lunes, 10 de febrero de 2020

Yo soy sólo una.

Varias veces se han referido a mi persona 
como si de dos personas distintas se tratase.
Y he de confesarlo: estoy cansada de ello.
Cansada de que me vean a partes.
De que nadie sea capaz de verme entera.
Juro que soy yo, y yo soy una sola.
¿Por qué nadie lo ve?
¿Por qué siento que es tan difícil que el otro me conozca?
¿Seré yo, que levanto muros a mi alrededor?
¿Será el otro, que no mira con atención?

Amor de locos.

Y yo lo que quiero
es a un loco que me quiera como tan sólo los locos quieren.
Que no le importe caer en mi casa a las 12 de la noche un día de tormenta
con tal de abrazarme un rato antes de dormir.
Alguien que entienda mi labilidad emocional 
y sea capaz de hacerme olvidar del enojo cuando este aparezca, 
o que me ofrezca chocolate como antídoto a mis penas.
Alguien que no le importe hacer el ridículo por el simple hecho de hacerme sonreír.
Alguien a quien no le importe irme a buscar lejos con tal de abrazarme luego de un mal día.
Alguien que me quiera conocer y que sepa leerme mejor que a su libro favorito.
Alguien que me mire y me entienda.
Alguien con quien, al tan sólo rozarnos, el mundo se detenga por completo.

domingo, 9 de febrero de 2020

Después del amor.

"Del amor al odio hay sólo un paso", te dicen.
Y entonces yo me siento un bicho raro con mi forma de querer.
Nunca me pasó. El odio después del amor.
A veces me hubiera gustado. 
Creo que carezco de rencor.
Después del amor, tan sólo queda amor.
Que a veces uno duerme, arropa y acuesta a dormir en el corazón con la luz apagada.
Pero cuando en una noche lluviosa de domingo, pasa de casualidad por esa habitación del corazón, sólo se revive eso: amor.
Amor.
No odio.
No reproches.
No rencores.
Nunca fui de decir "qué tonta fui, por qué hice eso" en cuanto a una persona.
En ese momento sentí algo que me hizo hacerlo.
Y de los sentimientos jamás, pero jamás, hay que arrepentirse.
Ellos son los que nos mueven
y los que, como vos me enseñaste, nos mantienen vivos.

lunes, 3 de febrero de 2020

Gracias por tan poco.

Y ya ves, un día llega tu cumpleaños y te mando un mensaje.
Y al abrir nuestro chat, descubro que nuestra última charla fue para mí cumpleaños. 
Cinco meses atrás.
Siempre lo mismo: "feliz cumple" y el otro responde un "gracias".
Nunca un "¿cómo estás?", "¿qué es de tu vida?".
Me pregunto cómo puede resultarte tan indiferente mi vida.
Siempre fui invisible a tus ojos.
Y me llevó tiempo comprender que no lo soy a los ojos de todos.