sábado, 22 de abril de 2017

La parte que vale la pena.

Se dijo entonces que la vida— o por lo menos la parte que vale la pena
son aquellos fugaces momentitos de alegría. 
Al final del día lo único que nos queda 
es el cálido acompañamiento de otro ser humano, 
de aquel que tiene las mismas incertidumbres que nosotros sobre la vida, 
de aquel que lo que busca es distraer a la soledad de todo lo frío del mundo, 
de todos los males del alma.

jueves, 20 de abril de 2017

viernes, 14 de abril de 2017

Anexo del alma.


"(...) le enseñó que cualquiera que aspire a conservar su sano juicio necesita de un lugar en el mundo en el que pueda y desee perderse. Ese lugar, el último refugio, es un pequeño anexo del alma al que, cuando el mundo naufraga en su absurda comedia, uno siempre puede correr a encerrarse y extraviar la llave."

miércoles, 15 de febrero de 2017

Lo estable no existe.


Alguien debería advertirnos. Que la vida tiende a hacer eso. 
Te agarra desprevenido, cuando vos creés que la marea ya se calmó, cuando por fin conseguís un poco de paz, cuando te empezás a autoconvencer de que sos esa clase de persona que tiene "estabilidad" en su vida, ahí es cuando ésta te agarra, cuando estabas feliz, contento, conforme, cómodo con lo que tenías.
Que importa, quizá exagere. 
Pero no puedo evitar sentir que volví a perder otra partida. 
Que es un vuelta a empezar, sin saber bien qué es lo que nos espera. 

martes, 31 de enero de 2017

Cometa.

Y quizá sea que es mejor así.
Que me mires como a cometa en el cielo. 
Algo bello e inalcanzable que te invita a soñar. 
Quizá sea mejor así. 
Porque luego el cometa atraviesa la atmósfera, y paulatinamente se va desintegrando, y para el momento en que llega frente a tus pies te das cuenta de que no es más que un par de piedras opacas y mucho polvo.
Quizá la magia estaba en mantener esa distancia, 
en ese misterio eterno de lo que no comprendemos.

martes, 10 de enero de 2017

Hablemos de miedos.

Tengo miedo. 
Miedo de fallar, de no ser capaz, de no estar a la altura.
Miedo a que en el último peldaño de la escalera mis pies se conviertan de plomo 
y jamás pueda llegar a la cima para ver qué me esperaba del otro lado.
Miedo a que en mi futuro me recuerde a mi pasado: una adolescente frustrada que no llegó ni a rozar con los dedos aquello que anhelaba. 
Miedo a que el "no soy capaz" se me haya grabado en el alma y el corazón y ya no encuentre manera de despegar esas palabras que espantan cada sueño que se asoma a mi ventana.
Miedo a creerme mediocre toda la vida, a que las grandezas no son para mí, 
a seguir con la cabeza baja toda la vida con temor a que ésta me pegue un arañazo en el orgullo.